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Escrito por Angel Moreno
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lunes, 05 de septiembre de 2011 |
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En años anteriores, o cuando las bondades de la inspiración acariciaron mis desparramadas dotes de cronista aficionado y tosco, abusando de las amables sugerencias de amigos, me decidí a intentar mostrar mis impresiones festeras o veraniegas sobre parte de el costumbrismo letuario.
Pensé, o deseé, que este sería un tiempo duplicado, o innecesario, para darle motivo o necesidad de nuevo a los renglones de repetirse, de insistir en volver a volver, de cotillear en los cotilleos de siempre, en anécdotas, en lo más que mascado y en la necesidad de no aburrir de nuevo al personal.
Pero ocurre que a veces, cuando más relajado te encuentras, cuando crees que tu tiempo alcanza una sobr.edosis de armonía, de regocijo personal contigo y con los tuyos….. de repente, alguien interrumpe tormentosamente la serenidad de tu parcela, alguien que desde la oscuridad del anonimato cobarde, de sentimientos perversos, de retorcidas frustraciones, o de fines aún más miserables y extraños, decide que lo más sensato que puede hacer con su demostrada baja condición humana, es acusar a otra persona de asuntos con los que sin duda en cualquier juzgado, ellos mismos serian causa de reprobación por injurias.
De otro modo, poco o nada se entiende de unas pretensiones y unos procedimientos, que solo hacen que poner en evidencia la torpeza de unos ridículos personajes, que camuflando su falta de agallas “engorrinan” las calles y caminos de nuestro merecido descanso letuario, con pintadas tan burdas, con las que solo consiguen el efecto contrario al pretendido, que no es otro, que el desprecio de todas las personas honestas y serenas a los autores, y la solidaridad y el respeto para quien siempre luchó en la medida en que le fue posible para que su pueblo, para que Liétor y sus gentes tuvieran siempre una mejor educación y una mejor calidad de vida, algo tan hermoso y tan digno, algo que nunca se verá reconocido en la biografía de quienes todos sospechamos han intentado trastocar la alegría y el regocijo de los letuarios en los días de sus fiestas. |